Beneficiarios

ProgramaImpacto DirectoImpacto Indirecto
Total30.09768.632
Crecimiento Interno4.20210.502
Trabajo Interno3.85111.553
Arte Interno21.33244.797
Casa Libertad (Pospenados)7121.780

Antecedentes / Reseña

Según datos del INPEC y la Defensoría del Pueblo, este es el panorama del sistema penitenciario y carcelario en Colombia:

Total: 175.000 internos en reclusión intramural (dentro de establecimientos carcelarios), domiciliaria (detención y prisión en la residencia del interno) y vigilancia electrónica –como pena sustitutiva de prisión-.

Total internos en cárceles: 118.000, de los cuales el 40% son detenidos preventivamente o sindicados (es decir, no han recibido una condena y su situación jurídica puede permanecer en el limbo durante años debido a la ineficiencia del sistema judicial).

Porcentaje de hombres: 77% – Porcentaje de mujeres: 23%

Reclusos extranjeros: de 65 países, en su mayoría de Venezuela, España, México, Ecuador y Estados Unidos, principalmente por el delito de narcotráfico.

Entre 1993 y 2015 la población privada de la libertad aumentó en un 308%.

Capacidad real de cupos disponibles en las cárceles colombianas: 77.950

Hacinamiento: 55%

Establecimientos carcelarios con el mayor hacinamiento: Riohacha (454%), Cali (274%), Honda- Tolima (176%), Barranquilla (171%), entre otros.

Total regionales: 6 (Central –Bogotá-, Norte –Barranquilla-, Occidente –Cali-, Oriente –Bucaramanga-, Noroeste –Medellín- y Viejo Caldas – Pereira-).

Total establecimientos carcelarios: 137

 

La privación de la libertad, el rechazo de la sociedad al recluso por los delitos cometidos, la separación de sus seres queridos, la estigmatización frente a la comunidad, la convivencia en un lugar en donde los valores, principios y las leyes se transgreden y la moral no es para la mayoría de los presos un referente, son realidades incuestionables que viven las personas que ingresan a las cárceles para “pagar ” por sus delitos.

Los efectos del cautiverio y aislamiento generan en los reclusos daños psicológicos y comportamientos traumáticos que dificultan enormemente las posibilidades de una verdadera reeducación y reinserción laboral y social cuando han cumplido su pena. Se suma a lo anterior, la ambivalencia real en la cual la sociedad se considera víctima de los delitos cometidos por los presos y estos se consideran igualmente víctimas de un sistema que los rechaza. Hay sentimientos polarizados para los que debe buscar una verdadera y permanente reconciliación, que facilite en el futuro la autentica resocialización.